jueves, 21 de febrero de 2013

¿En qué hotel te alojas?

Aparcó en el descampado en el que solía hacerlo. Bajó del coche y se dirigió hacia la zona de terrazas junto al paseo marítimo. Caminaba despacio, sin saber muy bien dónde ir.
Una vez más, Pilar, su mujer, se había quedado en casa con un supuesto dolor de cabeza. En realidad lo que hacía era chatear con su "amigo".
Mientras dudaba qué hacer volvió a preguntarse por qué lo aguantaba y seguía sin encontrar una respuesta clara.
Después de caminar durante cerca de una hora y de pasar más de una vez por el mismo sitio decidió, empujado por el cansancio que comenzaba a dar señales, sentarse en una de las mesas libres de "Dos gardenias" su terraza favorita.
Desde allí la vista era inmejorable, hacia la izquierda el puerto deportivo con los mástiles de sus barcos vigilando como erguidos centinelas. Hacia la derecha el castillo con la imponente torre del homenaje sobresaliendo majestuosa.
Pidió su "mahou" de rigor, sacó su inseparable cuaderno y comenzó a escribir. Normalmente le relajaba y se desahogaba escribiendo pero esa tarde no se sentía inspirado y comenzó a garabatear frases y dibujos sin mucho sentido.
Por fín encontró el hilo fijándose e inspirándose en las dos personas de la mesa de al lado.
A  la media hora una de las señoras de esa mesa se le acercó y le preguntó sin rodeos: "mi amiga y yo tenemos enorme curiosidad por saber qué escribes con tanto empeño, tal vez ¿eres novelista?". No, respondió Jacinto, sólo me desahogo escribiendo sobre lo que veo, en especial sobre las personas que me rodean una tarde cualquiera, en una terraza cualquiera. Describo  su fisonomía, su indumentaria, sus movimientos e invento que la más interesante y atractiva de una mesa cercana se levanta, me invita a tomar una copa y, más tarde, me pide que la acompañe a la habitación de su hotel.
Sólo le dió tiempo de decir ¿en qué hotel dices que te alojas? antes de que le derramase la cerveza por la cabeza.

Feliz semana.