Llevaba dos días con la tripa mal. Algo había comido que le había sentado fatal. Dos días que se iba por "la patilla", y además vómitos. Todos los indicios de una gastroenteritis.
Tenían preparado el viaje desde hacía mucho tiempo y como parecía que ya se encontraba un pelín mejor decidieron marchar.
Ella conducía por primera vez en mucho tiempo. El siempre prefería llevar el coche. No es que desconfiara, su mujer conducía bien pero era algo que le superaba, era un pésimo copiloto. Esta vez quería aprovechar el viaje para ir adelantando parte del trabajo y dejó que fuera ella la que se pusiera al volante.
Mientras hacía algunas llamada a clientes de vez en cuando miraba hacia atrás a ver cómo iba. ¿Cómo estas cariñín?, ¿estás mejor, tesoro? le decía.
Llevaban 50 kilometros y parecía que se encontraba bien. En el km. 70 una arcada los sobrecogió. Cuando miró hacia atrás vio una tremenda vomitona amarilla y maloliente.
Pararon en la primera estación de servicio y limpiaron el asiento con el rollo de papel higiénico que previsoramente habían cogido de casa.
Para que no saliera corriendo le pusieron una correa al cuello y le sacaron del coche. En el primer árbol levantó la pata y echó una larga meada.
φελιζ σεμανα
domingo, 27 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Un pincho de tortilla mal aprovechado
Estaba comiendo en una cafetería. Tenía una reunión con un cliente y decidió tomar algo en algún sitio cercano a la oficina del cliente, así podría aprovechar hasta unos minutos antes de la cita.
Ricardo aparcó en un parking cercano y enseguida vió una cafetería apetecible. El menú del día constaba de varios primeros de los que eligió una ensalada tropical (con ese nombre quizás porque llevaba un único trocito de piña) y varios segundos de los que eligió un filete de emperador (o más bien una gruesa capa de perejil bajo la que se escondía una fina loncha de emperador, que no llegaba ni a cabo chusquero).
Cuando comenzaba a buscar lo que de tropical tuviera la ensalada llegó, movil pegado a la oreja, el que tenía toda la pinta de vendedor agresivo recién salido de la típica reunión "cargando pilas".
Sin dejar de hablar le encargó con señas al camarero un pincho de tortilla y una coca cola.
"Le aseguro que le va a resultar difícil encontrar una fotocopiadora con más prestaciones que ésta y a mejor precio" le decía de forma apasionada.
Ricardo acabó su "loncha" de emperador y el supervendedor seguía con el móvil contando a su paciente interlocutor cuántas hojas por minuto era capaz de devorar el monstruo que intentaba vender.
Pidió el postre mientra su vecino de barra, cabeza inclinada sobre el hombro sujetando el móvil sobre el cuello, intentaba dar cuenta de su pincho de tortilla. Mientras hablaba con el posible comprador se dio cuenta de que Ricardo le miraba y tras un guiño y una amplia sonrisa le susurró "como venda esta porquería a este incauto, con el recargo que le he metido en el precio, me nombran vendedor del año".
Acabó el postre y hasta el café mientras le daban vueltas por los oidos las características técnicas de la fotocopiadora de marras.
Mientras pedía la cuenta rogaba para que le dieran el sí definitivo y así poder ojear el periodico con tranquilidad los pocos minutos que le quedaban antes de acudir a su cita.
Llegada la hora Ricardo pagó su cuenta y subió a encontrarse con su cliente dejando eshausto al super "salesman" sin conseguir, por lo que parecía, cerrar la operación.
Cuando subió a su cita le hicieron esperar unos minutos, por fín, la secretaria de su cliente le hizo pasar y éste, tapando el auricular del teléfono con una mano le señaló una silla para que se sentara y en voz baja le susurró: "perdona la espera es que tengo al otro lado a un plasta intentando venderme una fotocopiadora".
Feliz semana.
Ricardo aparcó en un parking cercano y enseguida vió una cafetería apetecible. El menú del día constaba de varios primeros de los que eligió una ensalada tropical (con ese nombre quizás porque llevaba un único trocito de piña) y varios segundos de los que eligió un filete de emperador (o más bien una gruesa capa de perejil bajo la que se escondía una fina loncha de emperador, que no llegaba ni a cabo chusquero).
Cuando comenzaba a buscar lo que de tropical tuviera la ensalada llegó, movil pegado a la oreja, el que tenía toda la pinta de vendedor agresivo recién salido de la típica reunión "cargando pilas".
Sin dejar de hablar le encargó con señas al camarero un pincho de tortilla y una coca cola.
"Le aseguro que le va a resultar difícil encontrar una fotocopiadora con más prestaciones que ésta y a mejor precio" le decía de forma apasionada.
Ricardo acabó su "loncha" de emperador y el supervendedor seguía con el móvil contando a su paciente interlocutor cuántas hojas por minuto era capaz de devorar el monstruo que intentaba vender.
Pidió el postre mientra su vecino de barra, cabeza inclinada sobre el hombro sujetando el móvil sobre el cuello, intentaba dar cuenta de su pincho de tortilla. Mientras hablaba con el posible comprador se dio cuenta de que Ricardo le miraba y tras un guiño y una amplia sonrisa le susurró "como venda esta porquería a este incauto, con el recargo que le he metido en el precio, me nombran vendedor del año".
Acabó el postre y hasta el café mientras le daban vueltas por los oidos las características técnicas de la fotocopiadora de marras.
Mientras pedía la cuenta rogaba para que le dieran el sí definitivo y así poder ojear el periodico con tranquilidad los pocos minutos que le quedaban antes de acudir a su cita.
Llegada la hora Ricardo pagó su cuenta y subió a encontrarse con su cliente dejando eshausto al super "salesman" sin conseguir, por lo que parecía, cerrar la operación.
Cuando subió a su cita le hicieron esperar unos minutos, por fín, la secretaria de su cliente le hizo pasar y éste, tapando el auricular del teléfono con una mano le señaló una silla para que se sentara y en voz baja le susurró: "perdona la espera es que tengo al otro lado a un plasta intentando venderme una fotocopiadora".
Feliz semana.
viernes, 4 de mayo de 2012
fraus et veritas
Estuvo toda la tarde buscando el puñetero diccionario de latín. Estaba seguro de que lo tenía por algún sitio pero no aparecía.
Ana buscaba alguna palabra relacionada con novela, novelar, con inventar un relato, con escribir alguna narración imaginada en sus horas de asueto, relatos que le distrajeran y a la vez le sirvieran para desahogarse.
Ana buscaba alguna palabra relacionada con novela, novelar, con inventar un relato, con escribir alguna narración imaginada en sus horas de asueto, relatos que le distrajeran y a la vez le sirvieran para desahogarse.
También buscaba alguna palabra relacionada con engaño, mentira, falsedad, traición. Estaba muy desilusionada con su novio de toda la vida a la que creía conocer mejor que así mismo. Nunca se hubiera esperado algo ni remotamente parecido a ésto. No daba crédito, Ricardo no era así, no era él, no le reconocía.
No hubo manera, por más que miró por un estante, por otro, por aquella repisa, por aquella estantería, por aquel armario ...
Decidió que también con el latín le ayudaría el señor Google. No fue tan completo como le hubiera gustado pero claro que le ayudó.
Por fín encontró algunos términos que podían representar lo que sentía, los copió y comenzó a escribirlos en la primera entrada del blog:
'girar, engañar' se dice en latín 'circumverto,is,ere,
'engañar, defraudar' se dice en latín 'dêcipiô,is,ere,dêcêpî,
'burlarse de, engañar' se dice en latín 'dêlûdô,is,ere,dêlûsî,
'poner, dejar, engañar' se dice en latín 'dêstituô,is,ere,
'engañar' se dice en latín 'fallô,is,ere,fefellî,
'engañar, defraudar' se dice en latín 'fraudô,âs,âre,fraudâvî,
'engañar, frustrar' se dice en latín 'frustro,as,are,
Pero también quería escribir cosas agradables y sobre todo que fueran verdad, ésta sí se la sabía, veritas. Y así comenzó la primera entrada en su blog.
Feliz semana.
Feliz semana.
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