Cada vez que Roberto salía al jardín allí estaba ella en su terraza, bikini ajustado, pañuelo a la cabeza, embadurnada de crema y libro en las manos.
Invariablemente hacía un leve y casi imperceptible gesto con las manos a modo de educado saludo.
En la misma proporción en que su blanca piel se enrojecía por las abundantes horas que el sol la bañaba, la de su marido lo hacía por las muchas botellas de whisky que regaban el interior de su cuerpo.
Las noches transcurrían entre portazos, palabras mal sonantes (en inglés, claro), golpes, gritos ...
Por las mañanas Roberto paseaba a su perro y solía coincidir con ella que bajaba al contenedor del vidrio las 3, 4, a veces 5 botellas que hubieran caido ese día.
Un día ella bajó con un ojo morado y su sempiterna sonrisa con la que siempre le daba los buenos días.
Fue la primera vez que hablaron. El escaso español de ella y el poco inglés de él hacían suponer que la conversación sería breve pero tres horas después seguían sentados en el banquito de su jardín.
Cuando las palabras en el idioma del otro no brotaban eran sustituidas por la complicidad en las miradas, miradas de cansancio, de sufrimiento, de dolor, de hastío.
Poco después, sin apenas darse cuenta, estaban en el interior de la casa desabrochándose los botones de la camisa, ambos con manos temblorosas de quien no está acostumbrado a tales situaciones. Roberto, mientras le ayudaba, acarició su espalda, la besó, primero en el cuello luego en los hombros después en los pechos, descubriendo con horror los muchos moratones que salpicaban su piel.
Se besaron durante horas, como colegiales con miedo a ser descubiertos pero con la pasión del primer amor. Las manos de él, primero dudando, después con decisión, acariciaron sus rodillas, sus piernas, la cara interior de sus muslos, se deslizaron hacia arriba y notó como se mojaban a la vez que ella se retorcía y excitaba cada vez con más intensidad.
Así estuvieron horas, besándose y amándose, explorando cada centímetro de sus cuerpos, cada poro, cada rincón, hasta que su perro "Moony" les avisó de la hora y de sus necesidades.
jueves, 27 de diciembre de 2012
sábado, 24 de noviembre de 2012
El lenguaje de los gestos
Llegó a casa tarde y cansado como casi todos los días. Ella, como en los últimos meses, no estaba en casa. Se abrió una lata de cerveza y se sentó en la terraza a ojear el períodico.
Enseguida los gatos ronronearon a su alrededor, frotándose contra sus piernas y subiéndose a las sillas y a la mesa.
Le encantaba verlos, sentados, oteando atentamente la calle. La pose de su gata era digna del premio la mejor fotografía.
Frente a él el durillo parecía que superaba los rigores invernales aunque ahora, junio, debía hacer frente al extremo calor del clima continental madrileño. El ficus benjamina, a su lado, se erguía hacia lo alto como un don quijote estirado y pendenciero. Pero a pesar de lo mucho que ambos le gustaban, sus tiestos favoritos eran las dos enormes aspilistras que vigilaban cual soldados haciendo guardia a la entrada de la terraza.
Al rato llegó ella, malhumorada y con pocas ganas de hablar. Le dio una patada a la gata y un manotazo al gato para que la dejaran el paso libre.
En los últimos meses había aprendido el lenguaje de sus gestos y actitudes y esa cara de contrariedad y disgusto había observado que significaban que había discutido con su "amigo".
Sin decir nada se encerró en el cuarto de baño, al momento volvió a abrir la puerta y sacó de una patada a la gata que para su desgracia había entrado a beber agua, volvió a encerrarse y se metió en la bañera.
Cuando después de tres cuartos de hora salió, ni sus gatos ni él estaban ya.
Feliz semana.
viernes, 26 de octubre de 2012
Los mojitos y los tontos del móvil
Nos sentamos en una mesa libre y pedimos nuestra bebida favorita del verano, dos mojitos.
Al lado, una pareja de unos treinta y pocos años consultaba el movil.
La bellísima camarera, rusa, polaca o, desde luego eslava, nos trajo los mojitos.
La pareja de al lado seguía consultando el móvil y escribiendo algún mensaje.
Entre trago y trago mi acompañante me puso al día de las novedades por Madrid (hacía varios días que estaba en la casa de la playa desconectado del mundanal ruido madrileño).
El mojito estaba delicioso, en esa terraza siempre lo preparan de forma magistral, con el calor que hacía y lo refrescante que estaba, cayó rápido y pedimos el segundo.
Los de la mesa de al lado continuaban con su móvil. Con un dedo pero ¡ qué velocidad escribiendo!
La camarera, de la que me había quedado prendado ¿ya lo he dicho? trajo el segundo mojito y nos contó sus peripecias por el levante español hasta su llegada a este bonito pueblo.
Cuando cayó el tercer mojito y yo me guardaba un papelito con el número de teléfono de "mi" eslava favorita, los de al lado seguían escribiendo cada uno en su móvil. Pedimos la cuenta, pagamos y nos levantamos.
Los de al lado hacía rato que nos miraba con suspicacia y cuando nos ibamos no pudieron evitar decirnos " y si nos gusta hablarnos a través del móvil ¿qué pasa?"
Feliz semana.
Al lado, una pareja de unos treinta y pocos años consultaba el movil.
La bellísima camarera, rusa, polaca o, desde luego eslava, nos trajo los mojitos.
La pareja de al lado seguía consultando el móvil y escribiendo algún mensaje.
Entre trago y trago mi acompañante me puso al día de las novedades por Madrid (hacía varios días que estaba en la casa de la playa desconectado del mundanal ruido madrileño).
El mojito estaba delicioso, en esa terraza siempre lo preparan de forma magistral, con el calor que hacía y lo refrescante que estaba, cayó rápido y pedimos el segundo.
Los de la mesa de al lado continuaban con su móvil. Con un dedo pero ¡ qué velocidad escribiendo!
La camarera, de la que me había quedado prendado ¿ya lo he dicho? trajo el segundo mojito y nos contó sus peripecias por el levante español hasta su llegada a este bonito pueblo.
Cuando cayó el tercer mojito y yo me guardaba un papelito con el número de teléfono de "mi" eslava favorita, los de al lado seguían escribiendo cada uno en su móvil. Pedimos la cuenta, pagamos y nos levantamos.
Los de al lado hacía rato que nos miraba con suspicacia y cuando nos ibamos no pudieron evitar decirnos " y si nos gusta hablarnos a través del móvil ¿qué pasa?"
Feliz semana.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Maya
Pasado el verano reinicio las entradas con un recuerdo muy especial para una persona entrañable a la vez que excelente profesional.
Representante durante muchos años de las ferias de la ciudad de Düsseldorf en España, era la cordialidad y amabilidad hecha persona. Siempre atenta para recibir a todos los convocados con esa clase y ese estilo difícil de copiar que pocos tienen. su esbelta figura dominaba la sala. Sin que se notase oteaba que todo estuviera perfecto, que no faltase nada, que todos estuvieran a gusto.
Si llegabas a uno de sus actos cansado por el trabajo o por el tráfico o por cualquier otro motivo, sus cariñosos saludos te devolvían la alegría y el sentirte bien, tal era la fuerza y la empatía de Maya.
Su inseparable pañuelo, después de tantos años, ya formaba parte de ella igual que ese hilito de voz que ella alargaba como hilo de una cometa que sube y temes que se te escape entre la manos.
Como maestra de ceremonias no tenía parangón. Sabía introducir al conferenciante con las palabras justas, sin robarle un ápice de protagonismo pero sin que faltase nada importante.
Con su tacto y su saber hacer guiaba con mano experta los coloquios y los turnos de palabra y cuando no había preguntas, ese momento tan odiado por cualquier moderador, sabía hábilmente introducir y comenzar ella misma el coloquio.
En las comidas posteriores a muchas de sus convocatorias, siempre en excelentes restaurantes, sabía crear un clima tan agradable que no tenías la sensación de estar trabajando sino en una reunión con buenos amigos.
Hoy su ausencia seguro que no se notará en lo profesional, así de bien ha sabido enseñar a los que continúan su labor, pero los que la hemos acompañado en tantas presentaciones durante tantos años, sí la echaremos de menos y la recordaremos pendiente de todos los detalles.
Un fuerte abrazo Maya.
Representante durante muchos años de las ferias de la ciudad de Düsseldorf en España, era la cordialidad y amabilidad hecha persona. Siempre atenta para recibir a todos los convocados con esa clase y ese estilo difícil de copiar que pocos tienen. su esbelta figura dominaba la sala. Sin que se notase oteaba que todo estuviera perfecto, que no faltase nada, que todos estuvieran a gusto.
Si llegabas a uno de sus actos cansado por el trabajo o por el tráfico o por cualquier otro motivo, sus cariñosos saludos te devolvían la alegría y el sentirte bien, tal era la fuerza y la empatía de Maya.
Su inseparable pañuelo, después de tantos años, ya formaba parte de ella igual que ese hilito de voz que ella alargaba como hilo de una cometa que sube y temes que se te escape entre la manos.
Como maestra de ceremonias no tenía parangón. Sabía introducir al conferenciante con las palabras justas, sin robarle un ápice de protagonismo pero sin que faltase nada importante.
Con su tacto y su saber hacer guiaba con mano experta los coloquios y los turnos de palabra y cuando no había preguntas, ese momento tan odiado por cualquier moderador, sabía hábilmente introducir y comenzar ella misma el coloquio.
En las comidas posteriores a muchas de sus convocatorias, siempre en excelentes restaurantes, sabía crear un clima tan agradable que no tenías la sensación de estar trabajando sino en una reunión con buenos amigos.Hoy su ausencia seguro que no se notará en lo profesional, así de bien ha sabido enseñar a los que continúan su labor, pero los que la hemos acompañado en tantas presentaciones durante tantos años, sí la echaremos de menos y la recordaremos pendiente de todos los detalles.
Un fuerte abrazo Maya.
domingo, 16 de septiembre de 2012
La modelo, el fotógrafo y la abuela
La noche antes había decidido salir a hacer una ruta por la sierra. Amaneció un día soleado con una temperatura excelente. Se levantó temprano, cogió el macuto con agua y algo de fruta y se dirigió hasta el aparcamiento al pie de la ruta.
Al principio la subida era suave pero a medida que se avanzaba se iba endureciendo.
Pero valía la pena, se subía entre palmitos autóctonos, jaras, matorrales, alguna higuera. Las vistas eran increibles, abajo el pueblo de Denia, a un lado el montículo verde sobre el que se erigía majestuoso el castillo, a su lado el puerto, más a la derecha la zona de las "Rotes". Y en la lejanía, ohhh, impresionante, era un día claro y se vislumbraba la silueta de Ibiza.
Al otro lado se dibujaba la línea de costa por la que discurría en paralelo a ésta la carretera de las Marinas. Más a la izquierda y al fondo, Oliva, Gandia y más allá el "cocodrilo" junto al que se asentaba Cullera.
Subió a buen ritmo y enseguida adelantó a un dominguero, cámara de fotos recién comprada al hombro y zapatos de .... ante, como si se dirigiera a una terraza del puerto deportivo.
El pobre no paraba de resbalarse y no pudo evitar pensar en cuántas veces se caería antes de regresar.
Un par de curvas más adelante alcanzó a "Mis chica gimnasio del año" reconvertida en senderista. Llevaba hasta la cinta para el sudor en la frente y por supuesto calentadores en las piernas y body ceñido de los de "mira que tetas y que culito tengo".
Supongo que no tardaría en volverse en cuanto subiera un poco más y comenzase a notar el "frescor" del sol en un día de verano.
Después de dos horas llegó a su objetivo de ese día, la impresionante "Cueva del Camel" y decidió regresar despues de unos minutos de descanso.
En la bajada y después de encontrar numerosos senderistas bien pertrechados todavía le quedaba por cruzarse con con otra interesante y variada fauna.
Entre los más interesantes, sin duda el "niñotedaríadostortas", acompañado de los abuelos (abuela con bolso y tacones, todo sea dicho). Estaba haciendo méritos para conseguir el primer premio del sorteo que no era otro que caerse rodando por la la pedregosa ladera del Montgó.
Si no le tocó el "gordo" sí la pedrea cuando en uno de los saltos que daba como auténtico poseso, de pedrusco en pedrusco, perdió el equilibrio y se dió de bruces sobre uno de los numerosos palmitos que jalonan el camino.
Esto y el pescozón del abuelo, aplaudido por los que en ese momento pasábamos cerca, debieron hacerle desistir de seguir haciendo la cabra.
¿Quién dijo que caminar es aburrido?
Al principio la subida era suave pero a medida que se avanzaba se iba endureciendo.
Pero valía la pena, se subía entre palmitos autóctonos, jaras, matorrales, alguna higuera. Las vistas eran increibles, abajo el pueblo de Denia, a un lado el montículo verde sobre el que se erigía majestuoso el castillo, a su lado el puerto, más a la derecha la zona de las "Rotes". Y en la lejanía, ohhh, impresionante, era un día claro y se vislumbraba la silueta de Ibiza.
Al otro lado se dibujaba la línea de costa por la que discurría en paralelo a ésta la carretera de las Marinas. Más a la izquierda y al fondo, Oliva, Gandia y más allá el "cocodrilo" junto al que se asentaba Cullera.
Subió a buen ritmo y enseguida adelantó a un dominguero, cámara de fotos recién comprada al hombro y zapatos de .... ante, como si se dirigiera a una terraza del puerto deportivo.
El pobre no paraba de resbalarse y no pudo evitar pensar en cuántas veces se caería antes de regresar.
Un par de curvas más adelante alcanzó a "Mis chica gimnasio del año" reconvertida en senderista. Llevaba hasta la cinta para el sudor en la frente y por supuesto calentadores en las piernas y body ceñido de los de "mira que tetas y que culito tengo".
Supongo que no tardaría en volverse en cuanto subiera un poco más y comenzase a notar el "frescor" del sol en un día de verano.
Después de dos horas llegó a su objetivo de ese día, la impresionante "Cueva del Camel" y decidió regresar despues de unos minutos de descanso.
En la bajada y después de encontrar numerosos senderistas bien pertrechados todavía le quedaba por cruzarse con con otra interesante y variada fauna.
Entre los más interesantes, sin duda el "niñotedaríadostortas", acompañado de los abuelos (abuela con bolso y tacones, todo sea dicho). Estaba haciendo méritos para conseguir el primer premio del sorteo que no era otro que caerse rodando por la la pedregosa ladera del Montgó.
Si no le tocó el "gordo" sí la pedrea cuando en uno de los saltos que daba como auténtico poseso, de pedrusco en pedrusco, perdió el equilibrio y se dió de bruces sobre uno de los numerosos palmitos que jalonan el camino.
Esto y el pescozón del abuelo, aplaudido por los que en ese momento pasábamos cerca, debieron hacerle desistir de seguir haciendo la cabra.
¿Quién dijo que caminar es aburrido?
viernes, 27 de julio de 2012
Y la alegría se hizo mujer
Tenía sobrepeso, caminaba con dificultad como consecuencia del exceso de kilos. Estaba separada desde hacía unos años y con ella vivían sus dos hijos. Trabajaba 8 horas fuera de casa y cuando regresaba se encargaba de hacer la compra, preparaba la cena y la comida del día siguiente, limpiaba la casa, recogía la ropa de los chicos que había tirada por los suelos, ponía la lavadora, planchaba ... y mientras tanto cantaba, cantaba y luego cantaba.
Cuando llegaban los hijos del colegio les preparaba la merienda con una sonrisa de oreja a oreja y les ayudaba a terminar los deberes. Era toda felicidad.
Cuando se notó aquel bulto en un pecho un tremendo nudo en el estómago la atenazó, casi dejándola sin respiración.
Pocos meses después vinieron la operación, la pérdida del pecho y la quimioterapia pero ella seguía hablándole a todo el mundo con su enorme sonrisa y realizaba las labores de casa cantando como había hecho siempre.
Cuando le dijeron que estaba curada que no había restos de ninguna célula maligna se fueron a cenar los tres.
Los días pasaron y ella siguió con su alegría, sus canciones, su sensibilidad, su buen humor a pesar de las dificultades económicas, de los problemas en el trabajo, de los problemas con su ex o con los hijos casi adolescentes, de las noches en la soledad de su habitación.
Cuando su ex la llamó para decirle que necesitaba verla que estaba un poco "depre" porque le habían dado un golpe en su flamante BMW simplemente le dijo .... "vete a la mierda".
Feliz semana
Cuando llegaban los hijos del colegio les preparaba la merienda con una sonrisa de oreja a oreja y les ayudaba a terminar los deberes. Era toda felicidad.
Cuando se notó aquel bulto en un pecho un tremendo nudo en el estómago la atenazó, casi dejándola sin respiración.
Pocos meses después vinieron la operación, la pérdida del pecho y la quimioterapia pero ella seguía hablándole a todo el mundo con su enorme sonrisa y realizaba las labores de casa cantando como había hecho siempre.
Cuando le dijeron que estaba curada que no había restos de ninguna célula maligna se fueron a cenar los tres.
Los días pasaron y ella siguió con su alegría, sus canciones, su sensibilidad, su buen humor a pesar de las dificultades económicas, de los problemas en el trabajo, de los problemas con su ex o con los hijos casi adolescentes, de las noches en la soledad de su habitación.
Cuando su ex la llamó para decirle que necesitaba verla que estaba un poco "depre" porque le habían dado un golpe en su flamante BMW simplemente le dijo .... "vete a la mierda".
Feliz semana
lunes, 16 de julio de 2012
Con la satisfacción de haber hecho ...
Necesitaba estar fuera de casa. Se quedaba sin aire, se ahogaba, tenía que salir.
Cuando una amiga le propuso ir al teatro no lo dudó. Hacía tiempo que no la veía. Siempre se había sentido con mucha confianza en su presencia.
Faltaba una hora para que comenzara la obra así que tomaron una caña en una terraza cercana. Hacía una temperatura muy agradable. Enseguida se acercó un vendedor de flores que consiguió "colocar" su primera venta. Se pusieron al día de las últimas novedades y ella le preguntó por lo que más curiosidad sentía, ¿cómo te encuentras, qué tal llevas la situación, sigue fuera de casa?
Se pasó el tiempo en un suspiro y entraron al teatro. Era una comedia y rieron con ganas. Buenos actores, un guión original y las ganas, o mejor la necesidad de pasarlo bien, hicieron el resto.
Estaban cerca de Huertas así que fueron a recordar viejos tiempos. Aprovechando la buena temperatura volvieron a elegir otra terraza.
Como siempre se pasaron pidiendo y sobre todo con las salsas, "ya habrá tiempo de bajarlo" pensó.
Volvieron al coche dando un relajante paseo y ella agarrada a su brazo. Durante el trayecto a su casa las caricias surgieron casi sin darse cuenta, como si fuera el paso natural y obligado detrás de la cena.
Aparcó frente al portal de su casa y ella le preguntó si quería subir. Cuando se dió cuenta ya había dicho "me encantaría pero mañana tengo que madrugar, mejor el próximo día".
Un beso intenso en sus grandes y húmedos labios a modo de despedida le volvieron a la realidad.
Arrancó y se dispuso a coger la carretera camino a casa, no sabía si con la satisfacción de haber hecho lo correcto o con remordimiento por haber hecho el idiota.
Feliz semana.
Cuando una amiga le propuso ir al teatro no lo dudó. Hacía tiempo que no la veía. Siempre se había sentido con mucha confianza en su presencia.
Faltaba una hora para que comenzara la obra así que tomaron una caña en una terraza cercana. Hacía una temperatura muy agradable. Enseguida se acercó un vendedor de flores que consiguió "colocar" su primera venta. Se pusieron al día de las últimas novedades y ella le preguntó por lo que más curiosidad sentía, ¿cómo te encuentras, qué tal llevas la situación, sigue fuera de casa?
Se pasó el tiempo en un suspiro y entraron al teatro. Era una comedia y rieron con ganas. Buenos actores, un guión original y las ganas, o mejor la necesidad de pasarlo bien, hicieron el resto.
Estaban cerca de Huertas así que fueron a recordar viejos tiempos. Aprovechando la buena temperatura volvieron a elegir otra terraza.
Como siempre se pasaron pidiendo y sobre todo con las salsas, "ya habrá tiempo de bajarlo" pensó.
Volvieron al coche dando un relajante paseo y ella agarrada a su brazo. Durante el trayecto a su casa las caricias surgieron casi sin darse cuenta, como si fuera el paso natural y obligado detrás de la cena.
Aparcó frente al portal de su casa y ella le preguntó si quería subir. Cuando se dió cuenta ya había dicho "me encantaría pero mañana tengo que madrugar, mejor el próximo día".
Un beso intenso en sus grandes y húmedos labios a modo de despedida le volvieron a la realidad.
Arrancó y se dispuso a coger la carretera camino a casa, no sabía si con la satisfacción de haber hecho lo correcto o con remordimiento por haber hecho el idiota.
Feliz semana.
viernes, 29 de junio de 2012
De ogro feroz a tierno gnomo
Era una mole, alto, 150 kilos más o menos, una barriga como un tonel, nariz chata, partida, como si de un boxeador se tratase, casi diría que se parecía a la enorme fiera de su perro boxer; desde luego gruñía como él.
Todas las mañanas le daba los buenos días en el jardín siempre y él siempre contestaba lo que parecía un gruñido.
Si te lo encontrabas por la calle a cualquier hora siempre el mismo sonido.
Un día que yo no llegaba a la rama más alta de la buganvilla le pregunté si tenía una escalera, pensando que me contestaría con otro bramido que significase no.
Mientras le preguntaba me dí cuenta de lo cuidado y bonito que tenía el jardín. Al decírselo y añadir que la dalia era una preciosidad, la cara se le iluminó.
No sólo me trajo la escalera sino que me ofreció sus tijeras de podar y demás utensilios.
Desde entonces sus buenos días son sonoros, nítidos y claros y los acompaña de una espléndida sonrisa.
Ha pasado de parecerse a un feroz ogro a estar más cerca de un bonachón y adorable gnomo.... si no fuera por el tamaño.
Feliz semana
Todas las mañanas le daba los buenos días en el jardín siempre y él siempre contestaba lo que parecía un gruñido.
Si te lo encontrabas por la calle a cualquier hora siempre el mismo sonido.
Un día que yo no llegaba a la rama más alta de la buganvilla le pregunté si tenía una escalera, pensando que me contestaría con otro bramido que significase no.
Mientras le preguntaba me dí cuenta de lo cuidado y bonito que tenía el jardín. Al decírselo y añadir que la dalia era una preciosidad, la cara se le iluminó.
No sólo me trajo la escalera sino que me ofreció sus tijeras de podar y demás utensilios.
Desde entonces sus buenos días son sonoros, nítidos y claros y los acompaña de una espléndida sonrisa.
Ha pasado de parecerse a un feroz ogro a estar más cerca de un bonachón y adorable gnomo.... si no fuera por el tamaño.
Feliz semana
lunes, 18 de junio de 2012
"Cuando te des la vuelta te voy a mirar el culo"
Tenía un trasero grande, generoso, hermoso que diría su abuela, pero a la vez de cachas fuertes y apretadas, no se le podía coger un pellizco de tan fuerte que estaba.
Redondo, bien formado, una delicia en suma.
No podía evitar mirarlo cada vez que se volvía y se ponía de espaldas.
Le encantaba, le entusiasmaba, más bien le volvía loco.
Para muchos era demasiado grande. A él le parecía proporcionado, equilibrado ... perfecto.
El problema era que cada vez que hablaba con ella no podía concentrarse en la conversación, sólo pensaba en el momento en el que se diera la vuelta.
Ella lo sabía y retardaba al máximo ese momento. Se iba despidiendo hablándole medio de lado, a veces andando casi de espaldas, como acabando la frase, hasta que llegaba a su despacho.
Cuando se encontró en el pasillo con ella y con el nuevo director general y le comentaron los nuevos cambios del departamento de suscripciones sólo pensó en su enorme pero apretado y apetitoso trasero.
Asentía a lo que le decían por inercia, sin escuchar ni entender lo que le comentaban.
Cuando le pidieron su opinión sobre dichos cambios sólo atinó a decir medio tartamudeando: "cuando te des la vuelta no voy a poder evitar mirarte el culo".
Feliz semana.
Redondo, bien formado, una delicia en suma.
No podía evitar mirarlo cada vez que se volvía y se ponía de espaldas.
Le encantaba, le entusiasmaba, más bien le volvía loco.
Para muchos era demasiado grande. A él le parecía proporcionado, equilibrado ... perfecto.
El problema era que cada vez que hablaba con ella no podía concentrarse en la conversación, sólo pensaba en el momento en el que se diera la vuelta.
Ella lo sabía y retardaba al máximo ese momento. Se iba despidiendo hablándole medio de lado, a veces andando casi de espaldas, como acabando la frase, hasta que llegaba a su despacho.
Cuando se encontró en el pasillo con ella y con el nuevo director general y le comentaron los nuevos cambios del departamento de suscripciones sólo pensó en su enorme pero apretado y apetitoso trasero.
Asentía a lo que le decían por inercia, sin escuchar ni entender lo que le comentaban.
Cuando le pidieron su opinión sobre dichos cambios sólo atinó a decir medio tartamudeando: "cuando te des la vuelta no voy a poder evitar mirarte el culo".
Feliz semana.
sábado, 2 de junio de 2012
Un grito desde lo más hondo salió de su garganta
Pelo largo y grasiento con un corte que hacía lustros que ya no se llevaba. Las uñas demasiado largas para un hombre, amarillentas por el tabaco y negras por la suciedad.
Ella, diminuta, frágil, tierna, todo lo contrario que él.
Todos los amigos se preguntaban cómo era posible que hubieran acabado juntos y con dos hijos.
A él no le faltaba casi ningún vicio. Era mentiroso, pendenciero, bebía más de la cuenta y más de un "polvo" había echado detrás del mercado de San Miguel, previo pago, claro.
Pero ella con su frágil cuerpo y su dura mollera todo lo aguantaba, los malos modos, los tacos, el olor a alcohol cada vez más frecuente, los engaños incluso que dilapidara buena parte de su sueldo en los placeres de la carne ajena. Todo menos que le pusiera la mano encima a uno de sus hijos. Y aquel día, eso fue lo que pasó.
Cuando le vio darle el primer bofetón salió corriendo para interponerse entre los dos, como hacía siempre. Cuando, por la mitad del pasillo, vio como le daba el segundo, con el puño cerrado, un grito hondo, desgarrado, desde lo más profundo de sus entrañas, se oyó en toda la planta. Cuando vio cómo volvía a darle un tercero y un cuarto ella ya había cogido una silla que le rompió contra su espalda.
Cuando él se abalanzó sobre ella, blandiendo parte de la silla sobre su cabeza al grito de ¡puta te voy a matar!, no lo dudó y esas tijeras que tanto había utilizado en sus labores de madre ahora le daban una última y definitiva ayuda penetrando limpiamente en el cuello del cobarde, haciendo un orificio que ya no pudo taponar.
Ella, diminuta, frágil, tierna, todo lo contrario que él.
Todos los amigos se preguntaban cómo era posible que hubieran acabado juntos y con dos hijos.
A él no le faltaba casi ningún vicio. Era mentiroso, pendenciero, bebía más de la cuenta y más de un "polvo" había echado detrás del mercado de San Miguel, previo pago, claro.
Pero ella con su frágil cuerpo y su dura mollera todo lo aguantaba, los malos modos, los tacos, el olor a alcohol cada vez más frecuente, los engaños incluso que dilapidara buena parte de su sueldo en los placeres de la carne ajena. Todo menos que le pusiera la mano encima a uno de sus hijos. Y aquel día, eso fue lo que pasó.
Cuando le vio darle el primer bofetón salió corriendo para interponerse entre los dos, como hacía siempre. Cuando, por la mitad del pasillo, vio como le daba el segundo, con el puño cerrado, un grito hondo, desgarrado, desde lo más profundo de sus entrañas, se oyó en toda la planta. Cuando vio cómo volvía a darle un tercero y un cuarto ella ya había cogido una silla que le rompió contra su espalda.
Cuando él se abalanzó sobre ella, blandiendo parte de la silla sobre su cabeza al grito de ¡puta te voy a matar!, no lo dudó y esas tijeras que tanto había utilizado en sus labores de madre ahora le daban una última y definitiva ayuda penetrando limpiamente en el cuello del cobarde, haciendo un orificio que ya no pudo taponar.
domingo, 27 de mayo de 2012
...vaya viaje!
Llevaba dos días con la tripa mal. Algo había comido que le había sentado fatal. Dos días que se iba por "la patilla", y además vómitos. Todos los indicios de una gastroenteritis.
Tenían preparado el viaje desde hacía mucho tiempo y como parecía que ya se encontraba un pelín mejor decidieron marchar.
Ella conducía por primera vez en mucho tiempo. El siempre prefería llevar el coche. No es que desconfiara, su mujer conducía bien pero era algo que le superaba, era un pésimo copiloto. Esta vez quería aprovechar el viaje para ir adelantando parte del trabajo y dejó que fuera ella la que se pusiera al volante.
Mientras hacía algunas llamada a clientes de vez en cuando miraba hacia atrás a ver cómo iba. ¿Cómo estas cariñín?, ¿estás mejor, tesoro? le decía.
Llevaban 50 kilometros y parecía que se encontraba bien. En el km. 70 una arcada los sobrecogió. Cuando miró hacia atrás vio una tremenda vomitona amarilla y maloliente.
Pararon en la primera estación de servicio y limpiaron el asiento con el rollo de papel higiénico que previsoramente habían cogido de casa.
Para que no saliera corriendo le pusieron una correa al cuello y le sacaron del coche. En el primer árbol levantó la pata y echó una larga meada.
φελιζ σεμανα
Tenían preparado el viaje desde hacía mucho tiempo y como parecía que ya se encontraba un pelín mejor decidieron marchar.
Ella conducía por primera vez en mucho tiempo. El siempre prefería llevar el coche. No es que desconfiara, su mujer conducía bien pero era algo que le superaba, era un pésimo copiloto. Esta vez quería aprovechar el viaje para ir adelantando parte del trabajo y dejó que fuera ella la que se pusiera al volante.
Mientras hacía algunas llamada a clientes de vez en cuando miraba hacia atrás a ver cómo iba. ¿Cómo estas cariñín?, ¿estás mejor, tesoro? le decía.
Llevaban 50 kilometros y parecía que se encontraba bien. En el km. 70 una arcada los sobrecogió. Cuando miró hacia atrás vio una tremenda vomitona amarilla y maloliente.
Pararon en la primera estación de servicio y limpiaron el asiento con el rollo de papel higiénico que previsoramente habían cogido de casa.
Para que no saliera corriendo le pusieron una correa al cuello y le sacaron del coche. En el primer árbol levantó la pata y echó una larga meada.
φελιζ σεμανα
lunes, 21 de mayo de 2012
Un pincho de tortilla mal aprovechado
Estaba comiendo en una cafetería. Tenía una reunión con un cliente y decidió tomar algo en algún sitio cercano a la oficina del cliente, así podría aprovechar hasta unos minutos antes de la cita.
Ricardo aparcó en un parking cercano y enseguida vió una cafetería apetecible. El menú del día constaba de varios primeros de los que eligió una ensalada tropical (con ese nombre quizás porque llevaba un único trocito de piña) y varios segundos de los que eligió un filete de emperador (o más bien una gruesa capa de perejil bajo la que se escondía una fina loncha de emperador, que no llegaba ni a cabo chusquero).
Cuando comenzaba a buscar lo que de tropical tuviera la ensalada llegó, movil pegado a la oreja, el que tenía toda la pinta de vendedor agresivo recién salido de la típica reunión "cargando pilas".
Sin dejar de hablar le encargó con señas al camarero un pincho de tortilla y una coca cola.
"Le aseguro que le va a resultar difícil encontrar una fotocopiadora con más prestaciones que ésta y a mejor precio" le decía de forma apasionada.
Ricardo acabó su "loncha" de emperador y el supervendedor seguía con el móvil contando a su paciente interlocutor cuántas hojas por minuto era capaz de devorar el monstruo que intentaba vender.
Pidió el postre mientra su vecino de barra, cabeza inclinada sobre el hombro sujetando el móvil sobre el cuello, intentaba dar cuenta de su pincho de tortilla. Mientras hablaba con el posible comprador se dio cuenta de que Ricardo le miraba y tras un guiño y una amplia sonrisa le susurró "como venda esta porquería a este incauto, con el recargo que le he metido en el precio, me nombran vendedor del año".
Acabó el postre y hasta el café mientras le daban vueltas por los oidos las características técnicas de la fotocopiadora de marras.
Mientras pedía la cuenta rogaba para que le dieran el sí definitivo y así poder ojear el periodico con tranquilidad los pocos minutos que le quedaban antes de acudir a su cita.
Llegada la hora Ricardo pagó su cuenta y subió a encontrarse con su cliente dejando eshausto al super "salesman" sin conseguir, por lo que parecía, cerrar la operación.
Cuando subió a su cita le hicieron esperar unos minutos, por fín, la secretaria de su cliente le hizo pasar y éste, tapando el auricular del teléfono con una mano le señaló una silla para que se sentara y en voz baja le susurró: "perdona la espera es que tengo al otro lado a un plasta intentando venderme una fotocopiadora".
Feliz semana.
Ricardo aparcó en un parking cercano y enseguida vió una cafetería apetecible. El menú del día constaba de varios primeros de los que eligió una ensalada tropical (con ese nombre quizás porque llevaba un único trocito de piña) y varios segundos de los que eligió un filete de emperador (o más bien una gruesa capa de perejil bajo la que se escondía una fina loncha de emperador, que no llegaba ni a cabo chusquero).
Cuando comenzaba a buscar lo que de tropical tuviera la ensalada llegó, movil pegado a la oreja, el que tenía toda la pinta de vendedor agresivo recién salido de la típica reunión "cargando pilas".
Sin dejar de hablar le encargó con señas al camarero un pincho de tortilla y una coca cola.
"Le aseguro que le va a resultar difícil encontrar una fotocopiadora con más prestaciones que ésta y a mejor precio" le decía de forma apasionada.
Ricardo acabó su "loncha" de emperador y el supervendedor seguía con el móvil contando a su paciente interlocutor cuántas hojas por minuto era capaz de devorar el monstruo que intentaba vender.
Pidió el postre mientra su vecino de barra, cabeza inclinada sobre el hombro sujetando el móvil sobre el cuello, intentaba dar cuenta de su pincho de tortilla. Mientras hablaba con el posible comprador se dio cuenta de que Ricardo le miraba y tras un guiño y una amplia sonrisa le susurró "como venda esta porquería a este incauto, con el recargo que le he metido en el precio, me nombran vendedor del año".
Acabó el postre y hasta el café mientras le daban vueltas por los oidos las características técnicas de la fotocopiadora de marras.
Mientras pedía la cuenta rogaba para que le dieran el sí definitivo y así poder ojear el periodico con tranquilidad los pocos minutos que le quedaban antes de acudir a su cita.
Llegada la hora Ricardo pagó su cuenta y subió a encontrarse con su cliente dejando eshausto al super "salesman" sin conseguir, por lo que parecía, cerrar la operación.
Cuando subió a su cita le hicieron esperar unos minutos, por fín, la secretaria de su cliente le hizo pasar y éste, tapando el auricular del teléfono con una mano le señaló una silla para que se sentara y en voz baja le susurró: "perdona la espera es que tengo al otro lado a un plasta intentando venderme una fotocopiadora".
Feliz semana.
viernes, 4 de mayo de 2012
fraus et veritas
Estuvo toda la tarde buscando el puñetero diccionario de latín. Estaba seguro de que lo tenía por algún sitio pero no aparecía.
Ana buscaba alguna palabra relacionada con novela, novelar, con inventar un relato, con escribir alguna narración imaginada en sus horas de asueto, relatos que le distrajeran y a la vez le sirvieran para desahogarse.
Ana buscaba alguna palabra relacionada con novela, novelar, con inventar un relato, con escribir alguna narración imaginada en sus horas de asueto, relatos que le distrajeran y a la vez le sirvieran para desahogarse.
También buscaba alguna palabra relacionada con engaño, mentira, falsedad, traición. Estaba muy desilusionada con su novio de toda la vida a la que creía conocer mejor que así mismo. Nunca se hubiera esperado algo ni remotamente parecido a ésto. No daba crédito, Ricardo no era así, no era él, no le reconocía.
No hubo manera, por más que miró por un estante, por otro, por aquella repisa, por aquella estantería, por aquel armario ...
Decidió que también con el latín le ayudaría el señor Google. No fue tan completo como le hubiera gustado pero claro que le ayudó.
Por fín encontró algunos términos que podían representar lo que sentía, los copió y comenzó a escribirlos en la primera entrada del blog:
'girar, engañar' se dice en latín 'circumverto,is,ere,
'engañar, defraudar' se dice en latín 'dêcipiô,is,ere,dêcêpî,
'burlarse de, engañar' se dice en latín 'dêlûdô,is,ere,dêlûsî,
'poner, dejar, engañar' se dice en latín 'dêstituô,is,ere,
'engañar' se dice en latín 'fallô,is,ere,fefellî,
'engañar, defraudar' se dice en latín 'fraudô,âs,âre,fraudâvî,
'engañar, frustrar' se dice en latín 'frustro,as,are,
Pero también quería escribir cosas agradables y sobre todo que fueran verdad, ésta sí se la sabía, veritas. Y así comenzó la primera entrada en su blog.
Feliz semana.
Feliz semana.
sábado, 28 de enero de 2012
semana de ilusión
Empezó la semana como terminó la anterior, osea, con muchísimo trabajo y, sobre todo, preocupado porque saliera bien.
Normalmente él no era así, pero ahora la situación era dura y dificil. La empresa había despedido a muchos empleados y ahora tenían que hacer el mismo trabajo entre menos compañeros, además la coyuntura económica seguía siendo muy complicada y para colmo varios ex-compañeros que habían salido de la empresa en el último ERE habían montado una empresa que les hacía una feroz competencia.
Le daba mucha rabia porque los chicos seguían muy ilusionados y estaban trabajando mucho y bien.
Lo bueno es que estaban buscando soluciones, haciendo todo lo que estaba en sus manos y trabajando mucho. Eso al menos le daba tranquilidad de espíritu y le dejaba con la conciencia muy tranquila y la seguridad de que al final las cosas saldrían.
Con una semana así el cuerpo le enviaba sensaciones contradictorias para el fin de semana. Por un lado le pedía quedarse en casa sin hacer nada, tumbado en el sofá viendo la tele o escuchando música. Pero la vena de su abuela "Maxi" que llevaba le empujaba a llamar a alguien y salir. No lo dudó, le apetecía mucho, la llamó y quedaron para ver un estreno el viernes por la noche.
"En versión original, con el cansancio de la semana, pensó, espero no dormirme". No se durmió, la película que mantuvo un nivel digno y el roce con su amiga no se lo permitieron.
Después una conversación "tierna" y entrañable bañada con un gintonic pusieron el broche perfecto al sábado que ya se despertaba.
Feliz semana.
Normalmente él no era así, pero ahora la situación era dura y dificil. La empresa había despedido a muchos empleados y ahora tenían que hacer el mismo trabajo entre menos compañeros, además la coyuntura económica seguía siendo muy complicada y para colmo varios ex-compañeros que habían salido de la empresa en el último ERE habían montado una empresa que les hacía una feroz competencia.
Le daba mucha rabia porque los chicos seguían muy ilusionados y estaban trabajando mucho y bien.
Lo bueno es que estaban buscando soluciones, haciendo todo lo que estaba en sus manos y trabajando mucho. Eso al menos le daba tranquilidad de espíritu y le dejaba con la conciencia muy tranquila y la seguridad de que al final las cosas saldrían.
Con una semana así el cuerpo le enviaba sensaciones contradictorias para el fin de semana. Por un lado le pedía quedarse en casa sin hacer nada, tumbado en el sofá viendo la tele o escuchando música. Pero la vena de su abuela "Maxi" que llevaba le empujaba a llamar a alguien y salir. No lo dudó, le apetecía mucho, la llamó y quedaron para ver un estreno el viernes por la noche.
"En versión original, con el cansancio de la semana, pensó, espero no dormirme". No se durmió, la película que mantuvo un nivel digno y el roce con su amiga no se lo permitieron.
Después una conversación "tierna" y entrañable bañada con un gintonic pusieron el broche perfecto al sábado que ya se despertaba.
Feliz semana.
lunes, 23 de enero de 2012
Con las tijeras de podar a cuestas
Juan, su padre, era un hombre rudo pero de enorme sensibilidad, de ahí que tuviera la casa cuidada al máximo, las plantas, los arboles, las flores, todo con primor y delicadeza.
Al marcharse al otro lado, los hijos no podían permitir que aquel oasis, tan cuidado hasta entonces, ahora se derrumbase y se destruyera.
Por eso, armado con sus tijeras de podar entró en el huerto dispuesto a dar buena cuenta de arbustos innecesarios, malas hierbas, "varetas" mal colocadas, sarmientos fuera de sitio y cuanto se pudiera cortar sin armar un gran estropicio.
Los frutales, los rosales, la parra, todos ellos se miraron y, aunque en voz baja, pudo oírles perfectamente como decían: "ahí viene el hijo de p.... éste a acribillarnos con su tijeras, por qué no se cortará él los h....".
Fue un día largo y duro, pero valió la pena. Todo el estrés acumulado durante la semana se quedó entre los arboles y el resto de plantas.
Un paseo por el pantano y unas pequeñas chuletillas en Peralbillo supusieron el mejor reconstituyente.
La chimenea encendida, el blanco de Rueda (con perdón para los excelentes blancos de Valdepeñas) y el plato con salmón y huevos revueltos hicieron el resto.
El domingo de vuelta a Madrid con ganas renovadas y pensando "ésto hay que repetirlo" .... que no le oigan las plantas que quedaron ilesas porque cuando vuelva seguro que han huido.
Feliz semana.
Al marcharse al otro lado, los hijos no podían permitir que aquel oasis, tan cuidado hasta entonces, ahora se derrumbase y se destruyera.
Por eso, armado con sus tijeras de podar entró en el huerto dispuesto a dar buena cuenta de arbustos innecesarios, malas hierbas, "varetas" mal colocadas, sarmientos fuera de sitio y cuanto se pudiera cortar sin armar un gran estropicio.
Los frutales, los rosales, la parra, todos ellos se miraron y, aunque en voz baja, pudo oírles perfectamente como decían: "ahí viene el hijo de p.... éste a acribillarnos con su tijeras, por qué no se cortará él los h....".
Fue un día largo y duro, pero valió la pena. Todo el estrés acumulado durante la semana se quedó entre los arboles y el resto de plantas.
Un paseo por el pantano y unas pequeñas chuletillas en Peralbillo supusieron el mejor reconstituyente.
La chimenea encendida, el blanco de Rueda (con perdón para los excelentes blancos de Valdepeñas) y el plato con salmón y huevos revueltos hicieron el resto.
El domingo de vuelta a Madrid con ganas renovadas y pensando "ésto hay que repetirlo" .... que no le oigan las plantas que quedaron ilesas porque cuando vuelva seguro que han huido.
Feliz semana.
lunes, 9 de enero de 2012
Portal solidario
Fue un día triste desde el principio. Ya las noticias de la radio, que hacía de despertador, fueron terribles. La prima de riesgo por las nubes, subida del paro, no se cuantos meses bajando el número de pisos vendidos, subida del euribor ... joder, que se callen ya, encima ésto.
Después de la ducha y un frugal desayuno, Ricardo se dirigió a la oficina.
Por el camino iba pensando en el añito que llevaba. El padre y el suegro habían fallecido hacía unos meses, la suegra estaba más para allá que para acá. Su matrimonio después de veintitantos años tenía varias vías abiertas de agua, Paloma, su mujer, había cerrado su empresa después de 20 años y para colmo los hijos sin trabajo y la hipoteca apretando todos los meses cada vez más.
La empresa, por si faltaba algo, estaba en concurso de acreedores ... vamos que una maravilla de año.
Pero, igual que lo que va mal siempre puede empeorar, también a veces puede mejorar.
Y eso ocurrió esa noche. Después de cenar se puso a leer el País por internet y después navegó un poco por aquí y por allá sin saber muy bien qué buscar.
Y apareció "Portal solidario.org" y unas direcciones de email que decían que buscaban gente sana para salir, charlar, pasear, ir al cine, al teatro .... para vivir en suma!!
Allí estaban Fátima, Sol, María, Rocio y ... había otro mundo más allá del suyo, un mundo con una gente maravillosa. Había vida donde él pensaba que el mundo se acababa.
Y otra vida comenzó, alegre, simpática, jovial, sana, divertida ...
Feliz semana.
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