Necesitaba estar fuera de casa. Se quedaba sin aire, se ahogaba, tenía que salir.
Cuando una amiga le propuso ir al teatro no lo dudó. Hacía tiempo que no la veía. Siempre se había sentido con mucha confianza en su presencia.
Faltaba una hora para que comenzara la obra así que tomaron una caña en una terraza cercana. Hacía una temperatura muy agradable. Enseguida se acercó un vendedor de flores que consiguió "colocar" su primera venta. Se pusieron al día de las últimas novedades y ella le preguntó por lo que más curiosidad sentía, ¿cómo te encuentras, qué tal llevas la situación, sigue fuera de casa?
Se pasó el tiempo en un suspiro y entraron al teatro. Era una comedia y rieron con ganas. Buenos actores, un guión original y las ganas, o mejor la necesidad de pasarlo bien, hicieron el resto.
Estaban cerca de Huertas así que fueron a recordar viejos tiempos. Aprovechando la buena temperatura volvieron a elegir otra terraza.
Como siempre se pasaron pidiendo y sobre todo con las salsas, "ya habrá tiempo de bajarlo" pensó.
Volvieron al coche dando un relajante paseo y ella agarrada a su brazo. Durante el trayecto a su casa las caricias surgieron casi sin darse cuenta, como si fuera el paso natural y obligado detrás de la cena.
Aparcó frente al portal de su casa y ella le preguntó si quería subir. Cuando se dió cuenta ya había dicho "me encantaría pero mañana tengo que madrugar, mejor el próximo día".
Un beso intenso en sus grandes y húmedos labios a modo de despedida le volvieron a la realidad.
Arrancó y se dispuso a coger la carretera camino a casa, no sabía si con la satisfacción de haber hecho lo correcto o con remordimiento por haber hecho el idiota.
Feliz semana.
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