Tenía sobrepeso, caminaba con dificultad como consecuencia del exceso de kilos. Estaba separada desde hacía unos años y con ella vivían sus dos hijos. Trabajaba 8 horas fuera de casa y cuando regresaba se encargaba de hacer la compra, preparaba la cena y la comida del día siguiente, limpiaba la casa, recogía la ropa de los chicos que había tirada por los suelos, ponía la lavadora, planchaba ... y mientras tanto cantaba, cantaba y luego cantaba.
Cuando llegaban los hijos del colegio les preparaba la merienda con una sonrisa de oreja a oreja y les ayudaba a terminar los deberes. Era toda felicidad.
Cuando se notó aquel bulto en un pecho un tremendo nudo en el estómago la atenazó, casi dejándola sin respiración.
Pocos meses después vinieron la operación, la pérdida del pecho y la quimioterapia pero ella seguía hablándole a todo el mundo con su enorme sonrisa y realizaba las labores de casa cantando como había hecho siempre.
Cuando le dijeron que estaba curada que no había restos de ninguna célula maligna se fueron a cenar los tres.
Los días pasaron y ella siguió con su alegría, sus canciones, su sensibilidad, su buen humor a pesar de las dificultades económicas, de los problemas en el trabajo, de los problemas con su ex o con los hijos casi adolescentes, de las noches en la soledad de su habitación.
Cuando su ex la llamó para decirle que necesitaba verla que estaba un poco "depre" porque le habían dado un golpe en su flamante BMW simplemente le dijo .... "vete a la mierda".
Feliz semana
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