lunes, 18 de junio de 2012

"Cuando te des la vuelta te voy a mirar el culo"

Tenía un trasero grande, generoso, hermoso que diría su abuela, pero a la vez de cachas fuertes y apretadas, no se le podía coger un pellizco de tan fuerte que estaba.
Redondo, bien formado, una delicia en suma.
No podía evitar mirarlo cada vez que se volvía y se ponía de espaldas.
Le encantaba, le entusiasmaba, más bien le volvía loco.
Para muchos era demasiado grande. A él le parecía proporcionado, equilibrado ... perfecto.
El problema era que cada vez que hablaba con ella no podía concentrarse en la conversación, sólo pensaba en el momento en el que se diera la vuelta.
Ella lo sabía y retardaba al máximo ese momento. Se iba despidiendo hablándole medio de lado, a veces andando casi de espaldas, como acabando la frase, hasta que llegaba a su despacho.
Cuando se encontró en el pasillo con ella y con el nuevo director general y le comentaron los nuevos cambios del departamento de suscripciones sólo pensó en su enorme pero apretado y apetitoso trasero.
Asentía a lo que le decían por inercia, sin escuchar ni entender lo que le comentaban.
Cuando le pidieron su opinión sobre dichos cambios sólo atinó a decir medio tartamudeando: "cuando te des la vuelta no voy a poder evitar mirarte el culo".

Feliz semana.

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