lunes, 21 de mayo de 2012

Un pincho de tortilla mal aprovechado

Estaba comiendo en una cafetería. Tenía una reunión con un cliente y decidió tomar algo en algún sitio cercano a la oficina del cliente, así podría aprovechar hasta unos minutos antes de la cita.
Ricardo aparcó en un parking cercano y enseguida vió una cafetería apetecible. El menú del día constaba de varios primeros de los que eligió una ensalada tropical (con ese nombre quizás porque llevaba un único trocito de piña) y varios segundos de los que eligió un filete de emperador (o más bien una gruesa capa de perejil bajo la que se escondía una fina loncha de emperador, que no llegaba ni a cabo chusquero).
Cuando comenzaba a buscar lo que de tropical tuviera la ensalada llegó, movil pegado a la oreja, el que tenía toda la pinta de vendedor agresivo recién salido de la típica reunión "cargando pilas".
Sin dejar de hablar le encargó con señas al camarero un pincho de tortilla y una coca cola.
"Le aseguro que le va a resultar difícil encontrar una fotocopiadora con más prestaciones que ésta y a mejor precio" le decía de forma apasionada.
Ricardo acabó su "loncha" de emperador y el supervendedor seguía con el móvil contando a su paciente interlocutor cuántas hojas por minuto era capaz de devorar el monstruo que intentaba vender.
Pidió el postre mientra su vecino de barra, cabeza inclinada sobre el hombro sujetando el móvil sobre el cuello, intentaba dar cuenta de su pincho de tortilla. Mientras hablaba con el posible comprador se dio cuenta de que Ricardo le miraba y tras un guiño y una amplia sonrisa le susurró "como venda esta porquería a este incauto, con el recargo que le he metido en el precio, me nombran vendedor del año".
Acabó el postre y hasta el café mientras le daban vueltas por los oidos las características técnicas de la fotocopiadora de marras.
Mientras pedía la cuenta rogaba para que le dieran el sí definitivo y así poder ojear el periodico con tranquilidad los pocos minutos que le quedaban antes de acudir a su cita.
Llegada la hora Ricardo pagó su cuenta y subió a encontrarse con su cliente dejando eshausto al super "salesman" sin conseguir, por lo que parecía, cerrar la operación.
Cuando subió a su cita le hicieron esperar unos minutos, por fín, la secretaria de su cliente le hizo pasar y éste, tapando el auricular del teléfono con una mano le señaló una silla para que se sentara y en voz baja le susurró: "perdona la espera es que tengo al otro lado a un plasta intentando venderme una fotocopiadora".

Feliz semana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario